viernes, 1 de agosto de 2008

El Minotauro y el Laberinto de Creta



 El laberinto es un mito para ser interpretado y su significado va más allá de la simple forma, es un espacio imaginario, mental, es un concepto, una imagen, una forma espacial, y en su forma, un espacio arquitectónico.

Fragmento del texto La Casa de Asterión:
 El sol de la mañana reverberó en la espada de bronce. Ya no quedaba ni un vestigio de sangre.-¿ Lo creerás, Ariadna?-dijo Teseo-. El minotauro apenas se defendió.

Breve introducción:

 Los laberintos más antiguos que aparecen mencionados en la literatura. Son los laberintos de Egipto y de Creta. Es Heródoto quien describe el egipcio: “3.000 habitaciones, en la casi inaccesible cámara central, estaban sepultados los reyes y los cocodrilos sagrados”. Luego Plutarco narra las hazañas de Teseo en el laberinto de Cnosos construido por el genial arquitecto Dédalo. La versión atribuida a Plutarco es aparentemente una evolución del culto de las grutas de la Edad de Piedra. El camino es arduo, está sembrado de peligros, porque, de hecho, es un rito del paso de lo profano a lo sagrado.


La historia del Minotauro y el Laberinto:

En Creta reinaba el poderoso Rey Minos. Su capital era célebre en el mundo por el laberinto, lleno de intrincados corredores, de los cuáles eran casi imposibles encontrar la salida. En el interior vivía el terrible Minotauro, un monstruo con cabeza de toro y cuerpo de hombre, frutos de lo amores de Pasifae, la esposa de Minos, con un toro que Poseidón, dios de los mares, hizo surgir de las aguas. En cada novilunio había que sacrificar un hombre al Minotauro, pues cuando el monstruo no satisfacía su apetito, se precipitaba fuera para sembrar la muerte y desolación de los habitantes de la comarca.
Un día, el Rey Minos recibió una trágica noticia: su hijo acababa de morir asesinado en Atenas. Minos clamó venganza, reunió a su ejercito y lo envió a Atenas para iniciar el ataque. Atenas, al no estar preparada, no pudo ofrecer resistencia y solicitó la paz. Minos, con severidad dijo: “Os ofrezco la paz, pero con una condición: cada nueve años, Atenas enviará siete muchachos y siete doncellas a Creta para que paguen con su vida la muerte de mi hijo”. Aquellos jóvenes serían arrojados al Minotauro para que los devorara. Los atenienses no tuvieron más remedio que aceptar aunque con una única reserva: que si uno de los jóvenes conseguía matar al Minotauro y salir del laberinto (cosa poco menos que imposible) no sólo salvaría su vida, sino también la de sus compañeros, y Atenas sería eximida de dicha condena.
Dos veces pagaron los atenienses el trágico tributo. Se acercaba ya el día en que por tercera vez la nave de velas negras, signo de luto, iba a surcar la mar. Entonces, Teseo, hijo único del rey de Ateas, Egeo, ofreció su vida por la salvación de la ciudad. El Rey y su hijo convinieron en que si a Teseo le favorecía la suerte, el navío que los volviera al país enarbolaría velas blancas.
Una prisión en Creta, donde Teseo y los otros jóvenes fueron alojados como prisioneros lindaba con el parque por donde las hijas del Rey Minos, Ariadna y Fedra, solían pasear. Un día el carcelero avisó a Teseo que alguien quería hablarle. Al salir, el joven se encontró con Ariadna, quien subyugada por la belleza y la valentía del joven decidió ayudarle a matar al Minotauro a escondidas de su padre. “Toma este ovillo de hilo y cuando entres en el Laberinto ata el extremo del hilo a la entrada y ve deshaciendo el ovillo poco a poco. Así tendrás una guía que te permitirá encontrar la salda”. Le dio también una espada mágica.
A la mañana siguiente, el príncipe fue conducido al Laberinto, tomó el ovillo, ató el extremo del hilo al muro y fue desenrollándolo, a medida que avanzaba por los corredores. Tras mucho caminar, penetró en una gran sala y se encontró frente al temible Minotauro, que bramaba de furor y se lanzó contra el joven. El Minotauro era tan espantoso, que Teseo estuvo a punto de desfallecer, pero consiguió vencerle con la espada mágica. Le bastó luego seguir el hilo de Ariadna en sentido inverso y pronto pudo atravesar la puerta de salida.
Teseo salvó su vida, la de sus compañeros y liberó a su ciudad de tan terrible condena. Dispuestos ya a reembarcar, Teseo llevó bordo en secreto a Ariadna y también a Fedra, quien no quiso abandonar a su hermana mayor. Durante el viaje y tras una feroz tormenta tuvieron que refugiarse en la isla de Naxos. Vuelta a la cama, emprendieron el retorno. Pero Ariadna no aparecía, la buscaron, la llamaron, pero fue en vano. Finalmente abandonaron su búsqueda y se hicieron a la mar. Habían zarpado cuando Ariadna despertó en el bosque, después de caer extenuada por el cansancio. De pronto, y rodeada por monumental ceremonia se le apareció el joven más bello que nunca antes haya visto. Era Dionisios, dios del vino, quien le ofreció casamiento y hacerla inmortal. La joven aceptó y después de un viaje triunfal por la Tierra, el dios la llevó a su morada eterna.
En tanto, en Atenas cundía la tristeza. El anciano Rey iba todos los días a la orilla del mar, esperando ver a su hijo retornar. Al fin, el barco apareció en el horizonte. Pero traía las velas negras y el anciano desesperó. Es que Teseo, abatido por la desaparición de Ariadna había olvidado izar las velas blancas, signo de su victoria. Loco de dolor, el rey Egeo se arrojó al mar que desde entonces lleva su nombre. Pasó el tiempo y los atenienses reunidos en asamblea ofrecieron la corona a Teseo, quién se casó luego con Fedra y reinó por largos años.

Dédalo: Arquitecto ateniense, hijo de Eupalamos y Metione. Dio muerte involuntaria a su sobrino Acalio, y debió desterrarse en Creta, donde ofreció sus servicios al rey Minos. Allí debió construir una vaca de madera para la esposa del rey, Pasifae, la que, encerrándose en su interior, logró hacerse fecundar por un toro y dar a luz al Minotauro.

Minos: Fue un comarca sabio, autor de numerosas y eficaces leyes, dictadas todas por consejos de Zeus, que cada nueve años se encontraba con su hijo en una gruta de la isla sagrada. A su muerte, se le nombró juez en los infiernos.

Minotauo: Hombre con cabeza de toro, que dio a luz Pasifae luego de ser fecundada por un toro de Poseidón.

Laberinto de Creta: Se supone que la palabra laberinto deriva de labrys o doble hoz (segur), que era uno de los atributos de la soberanía de Minos y su dinastía. Laberinto significa, pues, “Casa de la Doble Segur”, y no sería otra cosa que una vasta caverna del monte Iuktas donde Minos se reunía en secreto con su divino padre Asterios.

Ariadna: Enamorada de Teseo, facilitó a éste héroe un ovillo de hilo al entrar en el Laberinto y encontrar la salida en la mansión del Minotauro. De éste hecho la frase “el hilo de Ariadna”.

Teseo: Héroe nacional de Grecia. Era hijo de Egeo y Etra. Ésta lo había dado a luz en secreto en Trezena, y cuando Egeo debió retornar a Atenas, donde peligraba su corona por una conspiración, dejó a Etra su espada y una sandalia para que sirvieran de contraseña a Teseo una vez que fuera mayor.



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